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La Internacionalización en España

Matías González, nuestro 
asistente de exportación, nos ha mandado un artículo muy interesante sobre la Internacionalización española.

Hoy por hoy vemos dos patrones de comportamiento muy diferenciados ante la internacionalización entre el empresariado español: las grandes empresas con poder inversor que pronto vieron que afianzarse y desarrollarse en otros mercados era la manera más razonable de superar la crisis, cosa que hicieron, y, por otro lado, las PYMES, que, con menos poder inversor, luchan (a veces sin resultados positivos) por mantener un pequeño mercado doméstico y abrir su pequeña parcela de mercado exterior.

Tras varios años de crisis económica, la exportación a otros países se ha mostrado como una vía de oportunidades para las empresas españolas. El deterioro del mercado doméstico y el menor deterioro económico de nuestros principales socios económicos como Francia y Alemania, unido a la creciente importación de los países emergentes en los mercados globales, hace que la internacionalización deje de ser una elección, para convertirse en el desarrollo natural de la PYME española.

La entrada de España en el euro ofreció bajos tipos de interés y la bajada brusca del riesgo país, lo que fomentó que se dieran créditos, que se usaban en sectores de baja productividad e innovación. Esa buena situación económica no se aprovechó entre las empresas en innovar y exportar, sino en crear bienes inmuebles y empleo para el mercado doméstico y no bienes comercializables en el resto del mundo. Durante los años 2000 se entró en un círculo vicioso de inversión, crédito, importación y consumo ascendente en espiral.

En esta década, las exportaciones no crecieron, pero al menos se mantuvieron (26.8% del PIB en 1999 y 26.9% del PIB en 2009). El retroceso del mercado mundial a partir de 2008 contrasta con el aumento del peso de las exportaciones españolas, fruto de la caída de actividad del mercado interno y de la rápida reacción de las grandes empresas españolas exportadoras, que desde muy pronto pudieron redireccionar sus actividades hacia los mercados exteriores.

Así pues, en la actualidad, tanto las empresas como las administraciones se han de focalizar en mejorar la competitividad para dirigirse a dos mercados, los exteriores en que ya están otras empresas de otros países, y el interior, donde debemos competir con aquellos productos que se importan y  con los que se puede competir usando la baza de la cercanía. Afortunadamente, las decisiones que actualmente la empresa española está tomando en relación a la exportación y la internacionalización son de carácter estructural, no temporal, lo que les ayudará a salir de la crisis y a afianzar los mercados una vez haya pasado la misma.

Hay que entender que España ya no es un país en vías de desarrollo que importa bienes de los países desarrollados y les exporta bienes baratos, sino que es un país desarrollado que exporta a países en desarrollo y a países desarrollados productos diferenciados. La  gran diversificación de la exportación española es un punto a nuestro favor, pues hay empresas punteras en muchos campos del mercado.

En  la siguiente gráfica podemos ver cómo las tasas de exportación han subido por la reacción de las empresas centradas en vender en otros países y cómo la importación desciende, debido a la caída del mercado interno, lo que nos encamina a un próximo posible superávit de la balanza comercial.

Exportaciones españoles en EURImportaciones españolas en EUR
2013*56.584.548.1002013*60.632.413.400
2012222.643.893.9002012253.401.248.800
2011215.230.370.7002011263.140.740.700
2010186.780.070.6002010240.055.850.100
2009159.889.550.2002009206.116.174.500
2008189.227.851.4002008283.387.764.400
2007185.023.217.5002007285.038.313.400
Los datos de 2013 son de los tres primeros meses. Para su plasmación en la tabla se ha hecho una previsión anual en base a estos tres primeros meses.

La cuota de empresas españolas exportadoras regulares es del 12% (periodo 2001-2011), de las que un 9% lo hizo de servicios no turísticos. Otro dato destacable es la concentración de esta actividad exportadora, pues el 10% de las empresas aglutina el 93% de las exportaciones y el 1% de las empresas aglutina el 67% de las exportaciones.

Esto ejemplifica que el tamaño sí importa y muestra lo mucho que le queda por hacer a la PYME española y, en general, a la exportación nacional. Además, el tejido empresarial español está muy atomizado; esto quiere decir que hay muchas empresas en relación al peso de la economía, la media de creación de empresas es mayor que en otros países. Por lo que la baja cuota exportadora no es sólo porque las PYMES no hayan empezado a exportar masivamente, sino también porque hay muchas empresas pequeñas que son incapaces de exportar.

La internacionalización es una especie de “selección natural” que filtra a las empresas productivas y que pueden resistir la competencia de otros mercados. Hay muchas formas de medir la productividad, pero internacionalmente se considera que si una empresa es capaz de exportar regularmente, ha superado la media de productividad nacional de su país.

Así podemos decir que el tamaño de la empresa, la internacionalización o exportación regular y la productividad creciente forman una espiral de crecimiento interno de la empresa que repercute en toda la sociedad. Esa espiral también incluye la I+D porque estas empresas son más proclives a fomentar las novedades para competir y a tener trabajadores cualificados para sacar adelante la empresa.

Así pues, cuanto más grande es una empresa, más muestra su productividad y su capacidad exportadora. De esto se puede extraer que, parte de la causa de la baja productividad española es la gran existencia de empresas pequeñas poco productivas y de la cantidad ingente de empleados que éstas emplean y que podrían ser más productivos en puestos de empresas más grandes. La unificación de recursos entre pequeñas empresas, incluso la fusión de estas pequeñas empresas, resultaría en una mayor eficiencia y productividad global y para ellas mismas.

Por lo tanto, la PYME española debe entender la internacionalización (aunque al principio sólo signifique exportar) como un proceso de crecimiento de la propia empresa y no sólo como una salida a la crisis. Se puede usar la crisis como excusa para internacionalizarse. ¿Por qué? Porque el proceso de internacionalización pone a la PYME en mayor competencia global, lo que la hace obligarse a mejorar en competitividad. Esa competitividad se traduce en apostar por personal cualificado y en la I+D para diferenciar los productos y los servicios de la empresa, lo que redundará en la mejora de la empresa y de la sociedad en su conjunto.

La consecución posterior de exportaciones regulares afianzará y potenciará estas acciones.

Exportación española

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